Toti no nació de una idea abstracta: nació de un regalo de cumpleaños, del apodo de mi hermano, y de las ganas de que alguien muy chiquito conociera a la nena que fui.
Toti tiene nombre propio, aunque en el libro no lo diga: es el apodo de mi hermano mayor, Gastón. Y el libro, en realidad, nació como un regalo — quería hacerle algo especial a Noah, mi sobrino del corazón, para sus 3 años.
Cuando me senté a escribirlo, lo primero que apareció fue el amor que siento por él y todo lo que compartimos juntos. Pero a medida que avanzaba, el cuento se convirtió en otra cosa: un viaje de vuelta a mi propia niña interior. Escribir esos capítulos fue, sin que me lo propusiera, escribir mis propias vivencias y aprendizajes — para poder compartirlos con Noah algún día, y que de alguna forma él conociera a esa nena que fui.
También fue una manera de honrar a mi familia, y en particular a mi hermano: fue uno de mis grandes maestros de vida. Por eso, cuando llegó el momento de publicarlo, no lo dudé: le puse su apodo, Toti, al protagonista.
Lo que empezó como un regalo de cumpleaños terminó siendo, para mí, una carta de amor a mi hermano, a mi sobrino y a mi propia infancia — que hoy, además, leen familias enteras que ni siquiera conozco.
Publicarlo con Editorial Bábidibú, ver el trabajo de Alexis Rodríguez Montero dándole vida a Toti, y sostener el libro terminado en mis manos fueron los cierres de un proceso que, en el fondo, había empezado mucho antes de la primera página: con Noah, con Gastón, y con la nena que todavía llevo adentro.
Si estás con una historia dando vueltas y no sabés por dónde empezar: a veces, la mejor manera de encontrarla es preguntarte a quién se la querés contar.
— Cami