Antes de los cuadernos lindos y los journaling challenges de Instagram, ya existía el diario íntimo. Un repaso rápido por quienes escribían para sí mismos, siglos antes que nosotros.
Cuando alguien me dice que "llevar un diario" es una moda nueva, me dan ganas de contarle esta historia.
Hace casi dos mil años, el emperador romano Marco Aurelio escribía, para nadie más que él, una serie de reflexiones y recordatorios personales mientras estaba en campaña militar. Ese texto —que nunca pensó publicar— hoy lo conocemos como Meditaciones, y sigue siendo uno de los libros de autoconocimiento más leídos del mundo. Marco Aurelio no estaba escribiendo un libro para otros: se estaba escribiendo a sí mismo, para poder pensar mejor.
En Japón, durante el período Heian, surgió una tradición literaria llamada nikki: diarios personales, muchas veces escritos por mujeres de la corte, que mezclaban lo cotidiano con la reflexión poética. No eran registros neutros de hechos — eran una forma de procesar la propia vida a través de la escritura, con un cuidado estético enorme.
Siglos después, en la Inglaterra del siglo XVII, un funcionario llamado Samuel Pepys empezó a escribir un diario privado, día por día, durante casi una década. Ahí registró desde la peste y el gran incendio de Londres hasta sus propias inseguridades y errores, en una especie de código pensado para que nadie más lo leyera. Hoy es una de las fuentes históricas más valiosas que tenemos sobre esa época — y también un ejemplo temprano de journaling tal como lo entendemos hoy.
Y en el Romanticismo, escribir sobre la propia interioridad dejó de ser un gesto extraño para convertirse casi en una exigencia estética: los diarios personales, las cartas íntimas y los cuadernos de notas fueron, para muchos escritores de la época, el verdadero taller de su obra.
Antes del papel, hubo pergamino. Antes del pergamino, papiro. El soporte cambió muchísimas veces a lo largo de la historia — lo que no cambió es la necesidad humana de escribirse a uno mismo para entender lo que le pasa.
Cuando abrís tu cuaderno hoy, no estás haciendo algo nuevo. Estás haciendo, con otro soporte, lo mismo que ya hacía un emperador romano, una dama de la corte japonesa y un funcionario inglés obsesionado con anotar su vida día por día.
— Cami